La Historia de Brandr Blodøks

Su historia comienza con la de sus padres:

Todo comenzó en lo profundo del bosque, hogar de los Elfos Silvanesti, su madre Alfhildr, una  hermosa joven elfa que al ser la primogénita de una de las familias antiguas de ese clan, realmente no conocía mucho más allá de sus tierras, sin embargo un día, un hombre llamado Agmundr, un soldado humano, que tras la masacre de su familia, durante una invasión de orcos a su ciudad, empezó a vagar por el mundo, en busca de algo que le diera sentido a su existencia, llegaría a aquel bosque, donde conocería al amor de su vida, sin embargo, Alfhildr al enterarse de su embarazo, no tuvo opción más que huir de su único hogar con el hombre que amaba ya que si su familia se llegase a enterar de que tendría un bebé con un ser inferior, la obligarían a matarlo.  Así fue como encontraron un lugar muy cerca de la ciudad natal de Agmundr, un lugar que no le agradaba mucho, pero el único lugar a donde podía regresar.

Sus padres siempre procuraron mucho la salud de su pequeña cría, su padre entrenaba todos los días con Brandr para que creciera fuerte y sin temor a nada, su madre nunca le quiso contar sobre su parte Elfica, ya que era algo que trataba de olvidar, así que Brandr nunca conoció mucho sobre la familia de su madre.

Una tarde de invierno, el día en que Brandr cumpliría 10 años, llegó lo que sería la peor tragedia que pudo ocurrirle, ese día su padre estaba muy emocionado ya que había podido conseguirle una espada corta a Brandr, quien al verla casi se desmalla de la emoción, en agradecimiento y como demostración de fuerza y afecto salió a cortar la leña para sorprender a sus padres pero cuando volvió notó que la puerta de su hogar estaba abierta, y que sus padres no se encontraban dentro, al entrar, notó que alguien había entrado a la fuerza, así que salió en busca de sus padres, corrió y corrió, hasta que llegó a un pequeño riachuelo que se encontraba a unos kilómetros de la casa, ahí presencio como unos sujetos altos, que no alcanzaba a reconocer, tomaban a su madre por el cabello y la sumergían en el agua, hasta que dejó de respirar, al ver esa escena el único sentimiento que tenía era rabia e ira, en aquel momento vio a su padre Agmundr desesperado por no poder ayudar a Alfhildr ya que lo tenían contra el piso, se alcanzaba a ver que tenía una herida muy grande en el costado derecho y gritaba de dolor y angustia, así que Brandr lo único que pensó fue en tomar la pequeña espada que su padre le regalo esa mañana y correr directo a atacar a aquellos que se habían atrevido a atacar a su familia, sin embargo, solo pudo cortar un poco la pierna de aquel sujeto que tena sometido a su padre, el otro sujeto se quitó la capucha y lanzando una risa burlona, tomó a Brandr de un brazo y la alzó hasta su cara, ahí fue cuando pudo ver la cara de aquel ogro, este le decía a su compañero que aquella pequeña creatura les serviría, que no tendrían que llevarse al humano, entonces Brandr aun queriéndose liberar del agarre de aquel ogro, lo pateo en la cara, haciéndolo enojar aún más, así que le dijo a su compañero que le tendrían que dar una lección, tomaron a su padre, lo pusieron de rodillas y obligaron a Brandr a ver lo que le pasaría si los volvía a retar, vio a su padre a los ojos, se podía ver su miedo pero su cara trataba de estar calma para que su pequeña no se sintiera triste por él, así que el ultimo regalo que le pudo dar a su hija fue una sonrisa de despedida. Cuando cayó la cabeza de su padre al suelo, Brandr quedó en un estado de shock, al no quererse mover, la noquearon.

Cuando despertó yacía en un lugar obscuro, parecía un calabozo, pasaron unos cuantos días, hasta que la llevaron a una celda con más personas, ahí conoció al que había llegado a ser su mejor amigo Ion un joven monje, no debía tener más de 18 años, él le platicó que los sujetos que mataron a su familia, eran bandidos y que normalmente vendían sus ¨presas¨ al mejor postor y al preguntarle en que sitio se encontraban, el con una expresión algo desanimada le contestó que ahora le pertenecía a un hombre adinerado que los entrenaba para poderlos utilizar como carne de cañón en el coliseo de la cuidad.

Brandr siempre supo cómo defenderse e Ion le enseño algunos trucos que aprendió en su monasterio antes de que se lo llevaran, su amigo era muy ágil y fuerte para ser un humano, ambos se cuidaban mutuamente, al ser de los más jóvenes en ese lugar, se tardaron un año en mandar a Ion al coliseo ya que era lo suficientemente mayor para poder aguantar los golpes de las creaturas y gladiadores del coliseo. Siempre que se iba a Brandr le invadía una angustia muy grande, ya que podía perder a su único amigo, sin embargo el siempre regresaba. Unos años después, cuando Brandr tenía 15, vieron que ya era podía ir al coliseo, por alguna extraña razón estaba emocionada de por fin poder cuidar de su amigo y poderlo acompañar, sin embargo, unos días antes se habían llevado a un grupo en el que iba Ion pero no habían regresado, así que el día en que se llevaron a Brandr a pelear, solo podía pensar en poder ver a su amigo y que estuviera bien.

Al llegar al Coliseo, Brandr no podía creer que existiera un lugar tan grande, ya que siempre vivió en lugares pequeños y sin mucha gente y este lugar era completamente diferente, la gente gritaba, aplaudía y vitoreaba, a los peleadores los guardaban en la parte del subsuelo del coliseo, y ahí Brandr preguntaba por su amigo, sin lograr nada, llamaron al grupo con el que había llegado y les dieron unas cuantas armas a elegir, preparándose para el combate Brandr notó que había algo raro, al salir a la arena, vio a un guerrero no muy alto pero si muy fornido, sosteniendo una estrella de la mañana, pero lo que le llamó más la atención a Brandr fue que traía como trofeo el viejo collar del templo de Ion, el único recuerdo que le habían dejado conservar de su pasado, cuando lo vio algo en Brandr se encendió, una furia que hacía mucho tiempo no sentía, con lágrimas en los ojos, recordando el dolor de su pasado y de su presente, corrió violentamente hacia aquel hombre, tomo su espada con ambas manos y con toda su fuerza se la clavó en la mandíbula, solo el sufrimiento de aquel hombre podía saciar la sed de sangre y venganza que recorría su cuerpo, tomando el collar de su amigo, inclinó a su enemigo y viéndolo a los ojos que se estaban poniendo rojos por el derrame causado por la espada, tomó su cabeza y sumió sus ojos hasta que explotaron como uvas, todo el público estaba en silencio, todo sucedió tan rápido que nadie había podido reaccionar a tal sangriento espectáculo.

Esa noche Brandr no pudo descansar, estuvo velando a su amigo, pero se acercó una mujer vestida con una armadura que tenía pinta de ser fina, le dijo que era libre, que ella compro su libertad, pero que podía hacer algo bueno con sus habilidades, que si la acompañaba, podría llegar lejos; Brandr podría no conocer muchas cosas pero algo de lo que conocía mucho era sobre la milicia, su padre le había enseñado varias cosas sobre sus épocas de soldado, así que de inmediato supo que aquella mujer era general y al recordarle tanto a su padre, en seguida acepto ir con ella.

Con el tiempo Brandr aprendió todo de su mentora, su nombre era Elra Relik, ella había llegado a ser general tan solo a sus 20 años, su pasión por la guerra la llevo muy lejos y eso a Brandr siempre le gustó, aunque por dentro sentía que ya no podía sentir cariño, solo llegar a sentir aprecio y respeto.

Brandr cumplió sus 22 años, era parte de las fuerzas especiales de aquel ejercito pero decidió dejarlo ya que al volverse tan cercana a Elra y llegar a ser su mano derecha, temió llegar a perderla, como a todos los que llego a querer, así un día sin despedirse ni nada, se fue.

L a noche siguiente, estaba en una taberna y ahí le llegó una carta, pidiendo ayuda, Brandr respondió a esta pensando que así se podría encontrar a sí misma y tal vez descubrir algo nuevo dentro de ella. 

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