Las Memorias de Erin
Introducción
Wirinia, tierra de caos. Me cuentan que no siempre fue así… pero
desde que yo tengo memoria todo ha sido calamidad tras calamidad. No recuerdo a
mis verdaderos padres, sé que estuve desde pequeña al cuidado de Cassandra
(Profeta de la condenación), a ella sí la recuerdo como madre. Era muy extraña,
pero sé que me amaba a su modo. Ahora que he crecido entiendo un poco, ese
convento no era un lugar bueno… Nunca podía salir del ala destruida, si
escuchaba ruido, debía esconderme inmediatamente en los ductos de ventilación a
través de los agujeros en las paredes y quedarme muy en silencio. Casi nunca
iba nadie, pero siempre me generaba una ansiedad inmensa cuando ocurría. Cassandra
siempre fue muy firme en eso, me lo decía siempre imperativa y a la vez con
miedo, así que, en consecuencia, yo jamás la desobedecí, sentía ese temor
llegar a mi corazón también. Muchas veces tenía pesadillas en ese lugar, pero
el saber que Cassandra siempre cuidaba de mí, me ayudaba a soportarlo, hasta
aquel fatídico día, cuando la asesinaron frente a mi… no quiero recordarlo en
este momento, pero desde entonces no he parado de huir; aunque agradezco las
habilidades que fui adquiriendo y el entrenamiento de los Dysis (El gremio Puerta
del Sol), pero esa será historia para otro momento.
Capítulo 1 IMBUL
El viaje inesperado al Reino de Kovetsia, gracias a que Estuche (mi
amada rata mascota) se subiera al barco por comida y yo la siguiera, fue
bastante largo y cansado, aburrido… no había gran cosa para robar, sólo la
habitual comida para sobrevivir y pasármela escondida, de nuevo, siempre
escondida… Pero todo lo que pasaría después…
En mi tiempo como espía para Dysis, comencé a conocer acerca de la
gran Ruptura, mientras estuve confinada en el convento eso pasó desapercibido
para mí, pero una vez en el mundo exterior, vi que las cosas no estaban mejor.
Al desembarcar en el puerto Malinda, en Kovetsia, una luz extraña llamó mi
atención. Al acercarme cautelosa en ese callejón, gran sorpresa fue encontrarme
una carta flotando a la mitad de la nada. Se sentía una fuerza cautivadora
emanar de ella, incluso Estuche hacía esfuerzos por estirar su nariz para
olfatearla a la distancia. No pude contener mi curiosidad, así que la tomé, con
cierto recelo desdoblé el papel mágico, y unas letras de hermosa caligrafía
fueron apareciendo una por una en el papel, como si solo aparecieran cuando la
persona indicada las leyera. La frase era sencilla, “Debes viajar a Imbul”. Sencilla,
pero igual, sencillamente irresistible. Sabía conscientemente que era muy
riesgoso hacerle caso a un pedazo de papel volador, pero igualmente, la idea de
hacer algo en la vida después de haber perdido todo propósito en ella, si es
que alguna vez lo tuvo… Inmediatamente comencé a buscar la manera de llegar a
este Imbul.
Como se volvió mi costumbre desde que salí de Valotia, comencé a
recorrer las calles memorizándolas y dibujando mapas en mi libreta. Mis ropas
comunes, raídas por los incontables días durmiendo a la intemperie y
escudriñando recovecos para entrar y robar el alimento para Estuche y para mí,
hacían que la gente que realizaba sus tareas nocturnas me mirase con cierto
desprecio, quizá incluso… asco. Todos iban muy bien ataviados, y yo realmente
olía mal después de una travesía de varios días en el barco. Así que decidí
robar algo más que comida de esa gente…
encontré la casa más lujosa de la zona y entré a buscar algo de valor, y
lo encontré, pero para mi mala suerte alguien más estaba en la habitación, en
la oscuridad sólo podía reconocer una gran silueta con cierta forma bestial, o
más bien ¿de un pájaro? De primer momento me sorprendió, pero decidida a robar
aquel objeto, le lancé un libro a la cabeza intentando distraerlo para correr y
tomar el objeto, pero su velocidad fue impresionante, se volteo hacia mí, me
arrojó con su ala, tomo el objeto y destruyendo la ventana huyó volando a
través de ella, ni si quiera se fijó en mí, realizó todas esas acciones como si
hubiera sido yo cualquier otro animal sin importancia, y se llevó mi tesoro…
Jamás había fallado en un robo, y ese ser acabó con mi récord perfecto. Lo
pagará. Y más aún, el ruido de la ventana quebrándose alerto a los guardias de
seguridad de la casa que entraron rápidamente y sin que pudiera hacer mucho me
tomaron por la espalda derribándome sobre la misma y comenzaron a patearme y
darme puñetazos mientras proferían injurias y decían – como te atreves a robar
a un ciudadano real, tu escoria mal nacida-, el dolor se volvía cada vez más
intenso, así que con desesperación, y gracias a que Estuche mordió la mano de
un guardia, logré pasar entre las piernas de uno de ellos con mi pequeño
tamaño, con sangre fluyendo de mi nariz y mi labio, y con un ojo completamente
hinchado, corrí con todas mis fuerzas hacia la ventana rota y sin pensar más,
salté desde el segundo piso. Mi caída no fue afortunada. Al caer una fuerte
punzada recorrió toda mi pierna desde el tobillo, entonces no quedó remedio más
que correr cojeando con sangre nublándome la vista y dolor en todo el cuerpo.
Logré alejarme lo suficiente y esconderme tras unos barriles en un callejón
oscuro. Mi respiración estaba agitada. Esperaba que en cualquier momento me
encontraran, y entonces sería mi fin. Y entonces el peor de mis temores pareció
volverse real, una mano tomó mi hombro. Con pánico voltee hacia mi captor, con el
tobillo ya muy inflamado, comencé a respirar para gritar, pero con firmeza, más
con gentileza, la extraña persona me tapó la boca con su mano izquierda,
mientras llevaba su mano derecha hacia su boca con su dedo índice levantando,
indicándome que guardara silencio mientras me guiñaba un ojo. Mientras tanto,
poco a poco fui reconociendo sus ropajes, eran distintos a los de Cassandra,
pero podía saber que eran los atuendos de una sacerdotisa. Lentamente sus
facciones me fueron siendo más claras, y reconocí un rostro amable que me
relajó por completo, intenté levantarme, pero el dolor me lo impidió, al caer
también pude notar un pequeño y hermoso gatito de porte inigualable. Mientras
la dulce voz, comenzó a susurrar suavemente, ‘sana tus heridas’ y en ese
preciso instante comencé a sentir un gran alivio, el dolor comenzó a
desvanecerse y mi mente comenzó a despejarse. Así la chica sacerdotisa me
indicó que la siguiera, así que lo hice. Pude percibir un hermoso aroma
proviniendo de ella. A su lado el gatito caminaba con parsimonia, la chica notó
que veía al gatito, y me dijo -se llama Mia, las dos te cuidaremos- Así
continuamos caminando a escondidas mientras su perfume me calmaba cada vez más.
Sentí que podía confiar en ella, así que a penas llegamos al paraje al que me
condujo, caí completamente dormida.
Al día siguiente, amanecí recostada sobre las piernas de la sacerdotisa,
ya con más luz, pude ver su hermoso cabello café hasta los hombros, unas finas
facciones de su rostro, y un cuerpo… de envidia. Me sentía tan cálida en esa
posición, que me sentí mal al ver que la hermosa mujer se despertaba por mis
movimientos. Me miró fijamente con sus profundos ojos verdes, oscuros como un espeso
bosque. -¿Te sientes mejor pequeña?- Yo asentí con timidez. -¿Cómo te llamas?
Mi nombre es Ageligayi, soy la D’imitsi de Mia, pero puedes decirme Agely, más
corto. - ¿D’imisi? Pregunté sin entender bien la palabra – D’imitsi-, me
corrigió con dulzura. – Vaya, ¿qué es eso? – Es el nombre que reciben las
sacerdotisas al servicio del gato mayor, pequeña sin nombre. – Perdóname, mi nombre
es Erin. ¿Gato mayor? Inmediatamente me llevé la mano al bolsillo, y sentí el
calor de Estuche, quien como siempre, logró volver a mi después de la estrepitosa
huída. – Agely al notarlo me dijo – No te preocupes, Mia ha comido muy bien
estos días. – No pude evitar sentirme un poco nerviosa, aun así, por lo que
decidí que siempre estaría muy atenta…
-
¿A dónde te diriges pequeña?
-
A Imbul
-
¡¿Imbul?! - preguntó
sorprendida. - ¿Coincidencia? – Y esbozó
una sonrisa.
-
¿Tú también vas a Imbul?
-
Así es.
-
¿Encontraste una carta?
-
Sí. ¿Una carta flotando?
-
Oh por Dios. Parece que
recibimos la misma carta.
-
Que suerte – dijo Agely con
gran alegría. – El viaje será mucho menos aburrido.
-
¿Iremos juntas?
-
¿Te gustaría?
-
Sí… - Dije con timidez mientras
bajaba la cabeza y la miraba apenada.
-
Excelente. En el camino te contaré sobre Mia, ¿qué apoco
no es un amor? La más hermosa criaturita jamás vista.
Me sacó una leve sonrisa.
Una vez más de viaje, pero esta vez era muy distinto, no menosprecio
la compañía de Estuche, pero tener alguien con quien platicar de manera casual,
y escuchar sus interesantes historias, convirtieron este viaje en el primero
que realmente disfruté.
Y vaya que todo mundo puede tener tantas complicaciones en la vida.
Poco a poco Agely fue contándome su historia, me contó como llevaba varios
meses viajando, huyendo, igual que yo. Ella era una sacerdotisa en
entrenamiento en la aldea de Jemiri, un pequeño enclave apostado en las
profundidades de un bosque de un país muy lejano, un lugar hermoso, lleno de
ríos caudalosos y otros pacíficos, árboles altos y robustos e infinidad de hermosos
animalitos. Pero lo que más abundaba, eran gatitos, bolitas peludas de todos
tamaños, colores y amores. Pero no eran gatos normales, eran Gatos protectores.
Gatos divinos. Ahora sé que Mia es importante. Incluso le debo respeto. Jemiri
era el epicentro de la religión Gatónica, liderada por el Gato mayor, una
entidad divina superior encargada de proteger a la gente, y por su sirviente
principal, el D’imitsi, quien se encargaba de cumplir la voluntad del gato
mayor. Y comprendí que Agely cumple con fervor su misión, proteger a Mia con su
vida y alma, y a su vez, Mía la protege con poderes que yo aún no comprendo. Pero
a pesar de ser un lugar tan hermoso, la catástrofe mundial no se mantuvo
alejada. Agely me contó entre lágrimas cómo el día de su nombramiento como
D’Imitsi, una fuerza desconocida atacó la aldea con fuerza contundente. El
anterior D’imitsi le dijo que protegiera a Mia, así que Agely, impotente, lo
único que pudo pensar fue en huir lo más lejos posible, ya que mientras el gato
mayor esté bien, nada más importa. De verdad Agely es devota y dedicada a su
trabajo.
Después de varios días de viaje, por fin llegamos a las afueras de
Imbul. Sólo hay un camino para llegar hasta el pueblo, enmarcado por una densa
niebla. En el camino encontramos a unos soldados. La verdad, me dieron bastante
miedo, se veían enfermos, constantemente les temblaban las manos, y movían la
cabeza con espasmos repentinos, cada vez que ocurría mi estómago se retorcía de
igual manera. Al vernos nos preguntaron, - Buen día viajeros, tienen pinta de
aventureros, estamos buscando guerreros hábiles para ayudarnos. Agely
inmediatamente les preguntó, - Disculpen, ¿se encuentran bien? Soy una
sacerdotisa, si gustan, puedo hacer algunos hechizos de sanación. Los soldados
se rehusaron, - No se preocupe por nosotros, estamos bien, pero el pueblo está
muy necesitado de su ayuda. Agely respondió, - Si alguien necesita ayuda claro
que iremos, de todos modos, nosotras ya íbamos hacia Imbul. - Excelentes
noticias. Acompáñenos por favor. Las llevaremos con otro grupo de aventureros
que llegó antes que ustedes.
La niebla cada vez se volvía más espesa mientras caminábamos
siguiendo la luz de las antorchas de nuestros guías. A los pocos minutos
llegamos a un pequeño campamento, una fogata, una carroza con dos caballos, y
tres personas desconocidas, grandes y musculosas. Pero, una me parcía más
familiar y extraña. ¡¡Un búho gigante!! Vi algo parecido, en el robo fallido del
puerto Malinda… ¿Habrá sido él?
Cuando nos acercamos, uno de los hombres musculosos, de aspecto osco
decía al otro – Jajaja, ¿recuerdas cómo se retorcía el pobre Goblin, Bachgar?
Ese Insack en serio le hizo daño al arrojarlo contra el árbol. – Claro que lo
recuerdo Brandr, aunque me preocuapaba más lo que murmuraba, eso de que no
fuéramos a Imbul. – Sobre uno de los árboles, el búho gigante sólo volteo la
mirada levemente al escuchar su nombre mencionado, pero sin darle mayor
importancia, volvió a observar hacia el horizonte sólo diciendo – Aburrido –
Desde abajo el hombre con armadura, seguramente un Paladín, de nombre Bachgar,
preguntró al hombre búho. – ¿Qué fue lo que viste cuando ese soldado se llevó
al Goblin con la espalda rota? Seguía gritando tanto que no fuéramos a Imbul a
pesar de todo… Insack respondió con desgano, - No lo sé, tal vez se lo comió,
estaba en su mano, y luego ya no estaba. – E inmediatamente levantó los hombros
en señal de que poco le importaba. Brandr sólo se rió fuertemente – Jajaja,
dieta de Goblin. De verdad que están mal en este lugar.
Una vez hechas las presentaciones básicas del grupo, los guardias de
Imbul nos invitaron a subir a la carroza. Mientras subíamos, Bachgar comentó
con orgullo que uno de los caballos que llevaban al carruaje era su fiel compañero
de incontables batallas. Durante todo el camino Bachgar y Brandr platicaron
animosamente. Insack, el hombre búho, ignoraba a todos sin siquiera voltear a
ver a nada. Agely se dedicaba a acariciar a Mia, y yo simplemente iba sentada
junto a ella. A los pocos minutos comenzarona aparecer distintas casas
indicándonos que por fin estábamos llegando el centro de Imbul.
Al cruzar las puertas de la muralla del pueblo, que eran de ladrillo
rojo oscuro, la niebla amainó un poco. Dentro de las murallas, atravesamos
varias callejuelas con casas de ladrillo, y techos de paja y baras. Se veía
como un pueblo modesto. Pero lo que más llamaba la tención era el silencio
sepulcral, era una hora en que la actividad debería estar a tope, pero no se
veía ni un alma, asomándome por las ventanas, no pude localizar ni una silueta
viva.
Conforme nos acercábamos al centro, las calles comenzaron a estar
empedradas, ya se podían ahora avistar algunos edificios de mayor tamaño y en
el centro de la plaza, una gran estatua de una mujer, ataviada elegantemente y
en una posición que denotaba liderazgo.
El carruaje se detuvo y uno por uno fuimos bajando. Los guardias
simplemente bajaron nuestro equipaje y nos pidieron esperar en ese lugar, ya
que pronto alguien vendría a encontrarnos. Bachgar preguntó que pasaba con toda
la gente, ¿por qué no había nadie? A lo que contestaron que la gente tenía
miedo de salir, pero que pronto tendríamos más información.
Y sin decir más, los guardias se retiraron por donde habíamos
llegado.
La atmósfera era demasiado lúgubre, la neblina no permitía ver más
allá de una calle de distancia. A lo lejos se pudo escuchar una puerta
cerrándose.
Una vez retirados los guardias, Bachgar nos miró al grupo y dijo – Este
lugar definitivamente parase maldito, he realizado un hechizo de localización
de maldad y ha salido positivo. Debemos andar con cuidado, desconfiar de todos,
de ser necesario, debemos ser rápidos, atacar por sorpresa. - Brandr asintió
inmediatamente, Insack parecía ni si quiera escuchar, simplemente comenzó a
batir sus alas y se elevó hasta posarse sobre un edificio a observar el lugar.
Agely y yo nos miramos dubitativas, ¿atacar? Pero si aún no sabemos nada del
lugar.
Mientras esto ocurría, a la distancia comenzaron a escucharse pasos,
cada vez más fuerte, una multitud comenzó a aparecer entre la niebla. La
atmósfera lúgubre comenzó a sentirse cada vez más pesada. Se podía notar el
nerviosismo en todo el grupo. Cuando las personas estuvieron suficientemente
cerca fue obvio, la mujer que dirigía a la muchedumbre no era otra si no la que
estaba representada por la enorme estatua en el centro de la plaza.
-
Buen día viajeros, muchas
gracias por atender a nuestra petición de auxilio – Dijo calmadamente.
-
¿Qué pasa con este lugar? ¿Por qué
no hay nadie?
-
Ah, viajeros, no se preocupen,
yo les explicaré. Mi nombre es Gryzma, soy la lidereza del pueblo de Imbul. La
gente tiene mucho miedo, hace varias semanas que nos encontramos asolados por
una banda de asesinos, vienen al pueblo, secuestran gente, asesinan sin
miramientos. Es por eso que necesitamos con urgencia ayuda.
Con obvia incredulidad, Brandr le increpó a
Gryma. – Y ¿para que tantos guardias? ¿No son capaces de hacer algo?
-
Oh, viajeros, lo hemos
intentado, varias veces mandamos grupos de guardias a buscar la guarida de los
forajidos, pero ninguna regresó, por eso nuestra desesperación, por eso les
imploramos su ayuda.
Bachgar se aproximó con ímpetu hacia Gryzma,
la gente a su alrededor se puso alerta, pero Gryzma los contuvo con una señal
de la mano.
Incitada por la desconfianza de Bachgar,
comencé a observar las actitudes de Gryzma, ver si había razón para desconfiar,
por lo que pude notar que tenía los mismos espasmos que el resto de la gente a
su alrededor. Agely también lo notó y les ofreció magia sanadora.
-
No se preocupen viajeros, estamos
bien. Pero necesitamos su ayuda con los bandidos. Prometo que los
recompensaremos ampliamente. –
Brandr comenzó a enfurecerse y le gritó a Gryzma – Una vez más que
me digas que no me preocupe en vez de responder rápidamente y se acabará mi
paciencia.
-
Una disculpa viajeros –
contestó mientras tenía otro espasmo en la cabeza. – Entiendo que viene
cansados del viaje, por favor descansen, pero en verdad estamos desesperados
por ayuda. Por favor platíquenlo entre ustedes y denme una respuesta. Sólo les
digo, en serio se les recompensará de manera abundante.
Bachgar nos comentó nuevamente. - Siento maldad en este lugar,
deberíamos matar a esa tal Gryzma. - Brandr lo secundó – Perfecto, yo ataco
primero.
Insack bajó de las alturas y ahí se quedó sin opinar. Agely y yo
definitivamente no queríamos inicar una pelea, nos superaban ampliamente en
número. Decidimos aceptar la propuesta por el momento.
-
Que buenas noticias viajeros.
Les prometo que no se arrepentirán. En cualquier momento los bandidos estarán
aquí, los dejamos para que realicen su trabajo.
Y así como habían llegado, todos se alejaron entre la niebla hasta
entrar en el edificio más grande. – Éste es el edificio del ayuntamiento,
cualquier cosa que necesiten estaré aquí. Dijo Gryzma antes de desaparecer tras
el umbral de la puerta.
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